Everyday Stewardship

I have coached all three of my children in soccer at some time in their lives. I loved teaching them and their teammates the importance of functioning as one unit. If we were not all moving together toward victory, we would all find ourselves together in defeat. We used to go through one drill I called the “human foosball.” We would scrimmage with players in lines like on a foosball table. If you ever got too far behind or too far ahead of those in your line, play would stop and the ball would go to the other team. The goal was to help build an awareness of where your teammates were on the pitch and to teach the lesson that no one player is a team onto themselves.

As disciples and stewards, we sometimes find ourselves far behind or maybe even too far ahead. As a consequence, our actions either hinder the ability of the Body of Christ to evangelize and pass on the faith to a new generation or present the Church as an entity that sees itself as judgmental or too holy to be in the world. We are called to community, and in that community, we must be aware of our brothers and sisters in the faith. At times, we need to help them grow in their faith. Other times, we need to slow down and realize that we cannot change the world on our own. We all have unique gifts we are called to share, and we can only bear true witness to the power of the Body of Christ when we are all moving together and making each other strong.

—Tracy Earl Welliver, MTS

La corresponsabilidad diaria
He entrenado a mis tres hijos en fútbol en algún momento de sus vidas. Me encantó enseñarles, junto a sus compañeros, la importancia de funcionar como un equipo. Si no nos moviéramos todos juntos hacia la victoria, nos encontraríamos todos juntos en la derrota. Solíamos hacer un ejercicio, que llamábamos “fútbol de mesa humano”. Nos enfrentábamos con jugadores en líneas como en un fútbol de mesa. Si alguna vez se atrasaban o se adelantaban demasiado a los de su línea, el juego se detenía y la pelota se iba al otro equipo. El objetivo era ayudar a crear conciencia de dónde estaban sus compañeros de equipo en el campo y enseñarles la lección de que ningún jugador es por sí solo un equipo.

Como discípulos y siervos, a veces nos encontramos muy atrás o quizás demasiado adelante. Como consecuencia, nuestras acciones obstaculizan la capacidad del Cuerpo de Cristo para evangelizar y transmitir la fe a una nueva generación o bien presenta a la Iglesia como una entidad que se considera moralizante o demasiado santa para estar en el mundo. Estamos llamados a ser una comunidad, y en esa comunidad, debemos ser conscientes de nuestros hermanos y hermanas en la fe. A veces, necesitamos ayudarlos a crecer en su fe. Otras veces, necesitamos ir más despacio y darnos cuenta de que no podemos cambiar el mundo por nuestra propia cuenta. Todos tenemos dones únicos que estamos llamados a compartir, y solo podemos dar un verdadero testimonio del poder del Cuerpo de Cristo cuando todos nos movemos juntos y nos fortalecemos los unos a los otros.

—Tracy Earl Welliver, MTS