Gospel Meditation


June 24, 2018             The Nativity of Saint John the Baptist
Tiny fingers and toes.  A little yawn.  A loud cry.  An infant wrapped in swaddling clothes.  “What will this child be?”  It is a question every parent asks time and time again. As first steps are taken, as personalities emerge, as a child shows interest in reading or drawing or climbing, the question is on our lips.  “What will this child be?”  This question is asked as John the Baptist is born.  Will he be a priest like his father?  Does his strange, unexpected name signal a departure from that inheritance?  Could Elizabeth and Zechariah ever have predicted what would be?

Under the tutelage of his priestly father, John “became strong in spirit.”  As an adult, John would retreat into the desert to preach repentance.  He would attract a large following and eventually attract the attention of the rulers of the day.  He would point out the adulterous ways of King Herod and would find himself in prison. Eventually, he would be beheaded.  But today, he is a child, an infant newly born.

On this special feast, we’re reminded of the great humility required of parents.  The character formation, the discipline and encouragement, the violin lessons and soccer practices … every parental effort is subjected to the decisions of the child themself.  Even children on a sure track by high school graduation transform under life’s circumstances.  Entrusting our children to God can be incredibly intimidating.  “What will this child be,” especially when that transformation lies outside of my control? John the Baptist’s story might not have ended as his parents imagined.  But he is celebrated as the greatest of the prophets, as the one who prepared the way for the Messiah.  Here is the hope of all Christian parents — that our children would be raised in such a way that when people meet them, they meet Jesus Christ.

MEDITACIÓN EVANGÉLICO – ALENTAR ENTENDIMIENTO MÁS PROFUNDO DE LA ESCRITURA (Gospel Meditation)

24 de junio de 2018    la natividad de San Juan Bautista
Pero el ángel le dijo: “No temas, Zacarías”. (Lc. 1:13). Por aquello del miedo de encontrar a Dios en la vida y que revele cosas que no se comprenden de inmediato. El Evangelio nos dice que Zacarías se turbó al verlo, y el temor se apoderó de él. ¿Qué hubieras hecho tú en lugar de Zacarías? ¿Cuál hubiera sido tu respuesta? Para iluminar la respuesta, tenemos la luz de las palabras del Papa Francisco, que nos dan pequeñas pautas a seguir en la Solemnidad de hoy. Dijo él: “Los días más largos del año; los días que tienen más luz, porque en las tinieblas de aquel tiempo Juan era el hombre de la luz: no de una luz propia, sino de una luz reflejada. Como una luna. Y cuando Jesús comenzó a predicar, la luz de Juan empezó a disiparse, a disminuir, a desvanecerse. Él mismo lo dice con claridad al hablar de su propia misión. Es necesario que Él crezca y yo mengüe” (Lunes 24 de junio de 2013).

Juan Bautista fue el gran profeta y el heraldo de Jesús el Mesías. Preparó el camino del Señor revelando a Jesús a otros como el Mesías y como el Cordero de Dios. San Juan ejemplifica la vida del cristiano que proclama el mensaje de salvación y arrepentimiento. Se enfoca en la dirección correcta, vuelve la mirada hacia el Cordero de Dios y se une sin reservas a él. El destino de San Juan estaba escrito, y lo llevó a cabo con dignidad desde el comienzo hasta el final. Ahora es el turno de los seguidores de Jesús de anunciarlo al mundo que sufre y que busca la justicia. ¡San Juan Bautista ruega por nosotros! Para que seamos fieles anunciadores del Reino de Dios. ¿Lo haremos?

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