Everyday Stewardship

As the baptized, we are called into community, and we are strongest when all members have full faith in Jesus Christ. When one of us falters or begins to doubt his or her faith, that is when our faith is to be shared freely as a source of strength. If we hold our faith inside, then those around us will miss a chance to be edified and strengthened by our witness.

We can give freely of our money, our time, and our talents but still not share our faith with those around us. This hinders the Body of Christ’s ability to evangelize and spread the Good News. It also helps to keep members of that Body weak, because without the chance to hear our stories of faith, those with the need to hear can remain discouraged and lost.

Faith is a gift from God to us, just like any other. We are called to cultivate our faith and grow it into abundance. If we do not share it with others, then why grow it at all? We are not saved because we have more faith than someone else. We are no better off with storage bins filled with knowledge, devotion, and faith experience than a baby on its day of baptism. The difference between the baby and us is that we have something now to share and the responsibility to do so.

—Tracy Earl Welliver, MTS

La corresponsabilidad diaria

Como bautizados, somos llamados a ser una comunidad, y somos más fuertes cuando todos los miembros tenemos plena fe en Jesucristo. Cuando uno de nosotros titubea o comienza a dudar de su fe, es cuando debemos compartir nuestra fe con libertad como fuente de fortaleza. Si nos guardamos nuestra fe para nosotros, entonces los que nos rodean no tendrán la oportunidad de ser edificados y fortalecidos por nuestro testimonio.

Podemos dar de nuestro dinero, nuestro tiempo y nuestros talentos con libertad; pero aun así no compartir nuestra fe con quienes nos rodean. Esto limita la capacidad del Cuerpo de Cristo para evangelizar y difundir las Buenas Nuevas. Además mantiene débiles a los miembros del Cuerpo, porque sin la oportunidad de escuchar nuestras historias de fe, aquellos que necesitan escucharnos permanecerán desanimados y perdidos.

La fe es un don de Dios para nosotros, como cualquier otro. Estamos llamados a cultivar nuestra fe y hacerla crecer en abundancia. Si no la compartimos con otros, entonces ¿por qué habría de crecer? No somos salvos porque tenemos más fe que los demás. No estamos mejor que un bebé en su día de bautismo por tener depósitos llenos de conocimiento, devoción y experiencia en la fe. La diferencia entre el bebé y nosotros es que ahora tenemos algo que compartir y la responsabilidad de hacerlo.

—Tracy Earl Welliver, MTS