Gospel Meditation

As we enter into this Lenten season of penance and self-denial, we’re reminded that the God we follow is no stranger to these things. In this Sunday’s Gospel, we see the temptations of Jesus which have parallels throughout Scripture and in our own lives. The apostle John warns against temptations to sensual lust, enticement of the eyes, and a pretentious life (cf. 1 John 2:16). Before Eve plucks the fruit from the tree, she hears it is good for food, pleasing to the eyes, and desirable for gaining wisdom (cf. Genesis 3:6). The temptations of Jesus are our own.

“Turn these stones to bread.” Here is the lure of bodily comfort, like good food or sensual lust. It’s the simplest of temptations because it’s instinctual. We want good for our bodies! But there may be times these bodily goods don’t serve the higher good for our souls. The leap “from the temple parapet” would entice the eye of the person watching. A feat like this would prove Jesus’ Messianic ability. His popularity could be a shortcut to the cross. We might not be daredevils, but we want people to like us and be impressed by us. Do we sacrifice our values along the way? To “bow and worship” the devil – and so claim power and a pretentious life – seems like a dramatic temptation. Not everyone may feel enticed by power in the professional sense, but all of us want control. A volunteer team can feel just as intense as the boardroom! How often do we prefer to be in control of our lives (and perhaps even the lives of others), rather than allow God to be God?

When we consider areas of temptation and sin, it’s not to feel ashamed. The temptation in the desert reminds us that we are not alone and that the strength of Jesus can be our strength, too.


MEDITACIÓN EVANGÉLICO

El pasado Miércoles de Ceniza iniciamos nuestro camino de preparación del 2019. Serán cuarenta días para llegar a la Pascua del Señor. Esa es nuestra meta, quiera Dios que la sepamos cumplir. “Convertirse y creer en el Evangelio”; es la invitación que Jesús nos sigue haciendo cada día de la existencia. Aparte de las lecturas de este domingo, el Catecismo de la Iglesia Católica nos enseña: “El movimiento de retorno a Dios, llamado a la conversión y arrepentimiento, implica un dolor y una aversión respecto a los pecados cometidos, y el propósito firme de no volver a pecar. La conversión, por tanto, mira al pasado y al futuro; se nutre de la esperanza en la misericordia divina.” (CIC 1490). Esto, por supuesto, nos ha de llevar a la reconciliación o confesión sacramental.

Jesús fue tentado tres veces y las tres le responde al demonio basándose en la Escritura. “Si eres el Hijo de Dios, manda a esta piedra que se convierta en pan.” Jesús responde: “Quería enseñarte que no solo de pan vive el hombre, sino que todo lo que sale de la boca de Dios es vida para el hombre.” (Deuteronomio 8:3). “Si te arrodillas y me adoras, todo será tuyo.” Jesús le replicó: “La Escritura dice: Adorarás al Señor tu Dios y a él solo servirás.” (Deuteronomio 6:13). A la tercera tentación: “Si tú eres el Hijo de Dios, tírate de aquí abajo, pues dice la Escritura: ‘Dios ordenara a sus ángeles que te protejan.'” Jesús le replicó: “También dice la Escritura: ‘No tentarás al Señor tu Dios.'” Palabras del salmo (91:11-12). Inicia la Cuaresma meditando estos pasajes de la Sagrada Escritura—serán de gran ayuda para volver el corazón a Dios. 

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