Gospel Meditation

March 17, 2019
2nd Sunday of Lent 

As we march through Lent, it can be easy to think it’s all about sacrifice. No chocolate, no alcohol, no meat on Fridays. Yet here, only in the second week of Lent, we have the story of the transfiguration. This reading reminds us of the “why” behind what we do. We don’t fast from dessert to lose weight. We don’t donate money or serve others because it’s merely a nice thing to do. Lent is about transformation!

Peter, James, and John trudged up the mountainside behind Jesus. This must have been a difficult hike, because when they reached the top, “Peter and his companions had been overcome by sleep.” Despite our best efforts, perhaps we, too, can be asleep to the deeper meaning of the Lenten season. Jesus is transfigured while they slumber, but eventually they become “fully awake, [and] they saw his glory and the two men standing with him.” 

This is no small thing! The disciples witness Jesus in his divine splendor and see the miraculous apparitions of Moses and Elijah. The entire mountain becomes a spiritual breakthrough. “A cloud came and cast a shadow over them, and they became frightened when they entered the cloud.” These symbols are present in the Old Testament. They are present on Mount Sinai when Moses prayed alone and received the 10 Commandments. Elijah had a similar experience when he prayed alone before God. But here are ordinary men, former fishermen, who have been drawn up into an adventure beyond their wildest expectations. Jesus is the Christ, the Messiah, the fulfillment of all that came before. But Christianity is not the religion of the elite, where only the select few are allowed to participate. We are all invited into spiritual transformation. Lent is a privileged time for this!


MEDITACIÓN EVANGÉLICO

7 de marzo de 2019
2º Domingo de la Cuaresma

En las lecturas de hoy se refleja la tendencia que el ser humano experimenta cada día de su vida. Vive en una constante tensión de quedarse o irse. Por ejemplo; si estamos en un lugar tranquilo, donde se respira paz y armonía se suele decir “Me gustaría quedarme aquí para siempre”. En cambio, si se sufre de alguna enfermedad grave, o muere un ser querido y se sume en el dolor se comenta, “Deseo salir de esto cuanto antes”. Se vive así, quedándose y yéndose; dos polos opuestos. En este Evangelio, quedarse e irse esta junto en la vida del discípulo.

Pedro, Santiago y Juan, fueron con Jesús al monte para hacer oración. Mientras oraba, Jesús se transfiguro y su ropa se volvió de una blancura fulgurante. El Evangelio nos narra que Moisés y Elías conversaban con él. En ese instante, Pedro y sus compañeros despertaron y ante tanta belleza, Pedro le propone a Jesús lo siguiente: “Maestro, ¡qué bueno que estemos aquí! Levantemos tres chozas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías.” (Lucas 9:33). Sin duda, Pedro quería quedarse, no deseaba bajar—era difícil para el irse de ese lugar. Pasa ahora lo mismo; la jornada del discípulo es saber estar en gloria y saber sufrir para poder resucitar. ¿Cómo saberlo? ¿Cómo distinguirlo? Buscando a Dios, estando alerta siempre, aprendiendo en el silencio de la oración sus deseos. Estar, o irse: son dos contradicciones que los seguidores de Jesús viven. El reto es fuerte, la voz de Dios resuena en el Evangelio: “Este es mi Hijo, mi Elegido; escúchenlo.” (Lucas 9:35). ¡Esta semana solo se trata de escuchar! 

Liturgical Publications