Gospel Meditation

Palm Sunday

Palm Sunday is a strange day in our liturgical calendar. We begin by waving palms, but somewhere in the middle, we call for Jesus to be crucified. We celebrate today an equally paradoxical God, one who comes to save through suffering.

“I tell you, if they keep silent, the stones will cry out!” Jesus, who so often in the Gospels tries to hide his true identity, speaks thunderously to the Pharisees who would still the rejoicing crowd. At the Last Supper, Jesus confirms the Messianic promise to his disciples, saying “I confer a kingdom on you, just as my Father has conferred one on me.” Yet, before the night is over, Jesus has been betrayed.

We hear the tragedy unfold in Luke’s Passion narrative. Jesus is abused by the council of elders, denied by Peter, whipped by Roman soldiers, and condemned to death by Pilate. But what else do we see? Jesus heals someone who came to arrest him, forgives his torturers, promises a repentant man paradise, and – by his loving endurance – converts a centurion at the foot of the cross. Jesus is both Redeemer of the World and Suffering Servant. In taking on the mantle of Messiah, Jesus does not only receive our praise and our accolades, but he bears our burdens and sins and does so with the deepest love. He may go about our salvation in a paradoxical way, but he is dearer to our own suffering hearts for it. This week, we remember that no sorrow of our own is beyond the reach of the compassion of God. 


MEDITACIÓN EVANGÉLICO


Domingo de Ramos

“¡Hosanna al hijo de David! ¡Bendito sea el que viene en el nombre del Señor! ¡Hosanna en lo más alto de los cielos!” (Mateo 21:9). Hoy inicia la Semana Santa o Semana Mayor. En este hermoso tiempo la Iglesia en su liturgia nos invita a tener la oportunidad de detenernos en nuestro camino para reflexionar en las cosas que de verdad valen la pena. Hoy, se conmemora la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén. Estamos a punto de celebrar los misterios de la pasión, muerte y resurrección de nuestro único Salvador. En esta Semana Santa, busquemos momentos apropiados para agradecer al Señor todo lo que ha hecho por nosotros.

¿Con qué disposición podremos vivir esta Semana Santa? ¿Qué podremos aportar por los más necesitados? El Papa Francisco nos invita a lo siguiente:

 Jesús entra en Jerusalén. La muchedumbre de los discípulos lo acompañan festivamente, se extienden los mantos ante él, se habla de los prodigios que ha hecho, se eleva un grito de alabanza: ¡Bendito el que viene como rey, en nombre del Señor! ¡Paz en el cielo y gloria en lo alto! (Lucas 19,38). Gentío, fiesta, alabanza, bendición, paz; Se respira un clima de alegría. Jesús ha despertado en el corazón tantas esperanzas, sobre todo entre la gente humilde, simple, pobre, olvidada, esa que no cuenta a los ojos del mundo. Él ha sabido comprender las miserias humanas, ha mostrado el rostro de misericordia de Dios y se ha inclinado para curar el cuerpo y el alma.

¿Qué piensas de estas palabras del Papa? La respuesta debe ser un compromiso entre Jesús y tú.

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