Gospel Meditation

April 21, 2019
Easter Sunday

Can you imagine that moment? Can you imagine the stomach drop with dizzying realization: “It’s all true. All of it is true! The past three years weren’t a dream that ended horribly wrong.” Can you imagine all the doubts and despair of the past days chased away like smoke on the wind by a rolled up burial cloth? By an empty tomb?

It didn’t start that way, of course. “‘They have taken the Lord from the tomb, and we don’t know where they put him.'” This frantic news from Mary Magdalene would have been another unexpected blow. After all that happened, now his body has been stolen? The love and devotion in Peter and John is apparent. They don’t wait to collect more information or stop by the tomb when they have a chance. They run to the site. When is the last time you ran for something? This isn’t a run for exercise, but a huffing and puffing bolt fueled by desperation. Can you imagine that moment? The fear pounding in their temples, matching their accelerated heart rate. Can you imagine the impatient affection of John, who outruns Peter but refuses to enter the tomb alone? And then, upon entry, “He saw and believed.”

This is the drama of our great feast! The promise that seemed lost has been found. The dead are raised. Long before the Easter eggs and ham, we are invited to meditate on this divine reality. We are invited to feel the desperation and joy of that first Easter Sunday deep in our bones. Because it is not just Mary’s story. It’s not Peter and John’s story. It’s our story. From the greatest defeat can come the most awe-inspiring victory, and this is true not just for our God, but for each one of us. He is risen indeed! Alleluia!

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MEDITACIÓN EVANGÉLICO

21 de abril de 2019
Domingo de Pascua

Al cantar con júbilo y esperanza el “aleluya” nos unimos todos al gozo de la Iglesia por la resurrección del Señor. A lo largo de la Cuaresma pusimos nuestra confianza en Dios y no quedamos defraudados. Hoy, en todo el mundo, los cristianos nos alegramos y trasmitimos la palabra “aleluya” para continuar con ese gran júbilo en el corazón por el resucitado. La Iglesia se engalana con sus velas encendidas que nos indican que debemos de caminar en la luz. El Cirio Pascual, signo de Jesucristo Resucitado, nos recuerda que pertenecemos por nuestro bautismo al Reino de Dios. Es un día de alegría y de búsqueda. ¿Quién quitara la piedra? ¿Dónde está el Señor? ¿Quién lo ha visto? El Evangelio nos dice. “El primer día de la semana, muy temprano, fueron las mujeres al sepulcro, llevando los perfumes que habían preparado. Pero se encontraron con una novedad: la piedra que cerraba el sepulcro había sido removida, y al entrar no encontraron el cuerpo del Señor Jesús.” (Lucas 24:1-3)
El Catecismo de la Iglesia Católica en el numeral 989 dice lo siguiente:

Creemos firmemente, y así lo esperamos, que del mismo modo que Cristo ha resucitado verdaderamente de entre los muertos, y que vive para siempre, igualmente los justos después de su muerte vivirán para siempre con Cristo resucitado y que Él los resucitará en el último día (Vea Juan 6:39-40). Como la suya, nuestra resurrección será obra de la Santísima Trinidad. 

Esta es la razón de la Pascua, la vida nueva en Cristo. Es la razón de los cantos de “aleluya” que resuenan entre los muros de nuestras parroquias multiculturales a través de los Estados Unidos y del mundo entero. ¡Resucitó, Aleluya!

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