Gospel Meditation

August 25, 2019
21st Sunday in Ordinary Time

Have you ever seen a celebrity? Have you ever met a political representative? Did the encounter leave you with newfound acting or musical abilities? Did it give you a grasp of the intricacies of the latest city ordinance or controversial law? Talents, expertise, and skill are hard-won traits, not rewards that spread by contact. Our life of faith is also not so easy.

“We ate and drank in your company and you taught in our streets!”
In this Sunday’s Gospel, Jesus notes that it requires moral strength to enter the kingdom of God. It’s not mere proximity to righteousness that saves. Rubbing elbows with the righteous is not the same as being truly holy ourselves. Unfortunately, we can have this attitude in many areas. It’s easy to see who may seem “first” in the eyes of the world. This occurs in our workplaces and among our public figures. It can also happen in our schools, local parishes, and the larger Church. For some of us, the temptation to have the popularity and prestige rub off on us can be fairly strong. If only we are in the right place with the right people, surely others will associate us with what they possess!

But salvation is worked out in each individual life. It is our task not merely to show up, but to be transformed. And the truly transformed may not be everyone we expect. “People will come from the east and the west and from the north and the south… some are last who will be first, and some are first who will be last.” Some who seem first in reputation now may be last in the kingdom of God. Others who appear now on the furthest fringes of society – but better imitate the lowly holiness of Jesus – will be first in his kingdom. What are your concerns? Proximity and reputation? Or prayerful righteousness?

©LPi


MEDITACION DEL EVANGELIO

25 de agosto de 2019
21er Domingo del Tiempo Ordinario

Recuerdo, cuando niña, mis padres me decían la siguiente frase: “Esfuérzate por siempre hacer las cosas bien.” Así sea lo más simple, debe ser bien hecho, aunque te tardes poquito más. Esforzarse significa que lo que se hace debe tener como motivo principal hacer el bien a ti mismo y a los demás. La sociedad en que vivimos nos mueve a hacer todo con prisa y esto motiva a que en ocasiones no haya esfuerzo. Si preguntáramos a los atletas profesionales que es lo que los llevo al éxito en las diferentes carreras que eligen, nos dirían en su respuesta que el esfuerzo es lo que los ha llevado al éxito. 

Seguir a Jesús en su camino a Jerusalén no es fácil; la puerta es angosta, estrecha y para entrar en ella hay que esforzarse. Es decir, para estar dentro del Reino de Dios se debe de trabajar duro. El Papa Francisco nos dice que:

 El camino de la salvación, según explica el Señor, prevé el traspaso de una puerta. ¿Cuál? Jesús mismo es la puerta. Lo dice Él en el Evangelio de Juan: “Yo soy la puerta” (Jn 10, 9). Él nos conduce a la comunión con el Padre, donde encontramos amor, comprensión y protección. Pero ¿Por qué esta puerta es estrecha?, se puede preguntar. ¿Por qué dice que es estrecha? Es una puerta estrecha no porque sea opresiva; sino porque nos exige restringir y contener nuestro orgullo y nuestro miedo, para abrirnos con el corazón humilde y confiado a Él, reconociéndonos pecadores, necesitados de su perdón. Por esto es estrecha: para contener nuestro orgullo, que nos hincha. La puerta de la misericordia de Dios es estrecha, pero ¡siempre abierta de par en par para todos!” Ciudad del Vaticano (lunes, 22-08-2016, Gaudium Press)

 ¿Cuál puerta eliges?

©LPi