Everyday Stewardship ~ Recognize God in Your Ordinary Moments

Give Until It Hurts

One of the characteristics of Everyday Stewardship is to be committed — to persevere daily in a way of life acknowledging that everything belongs to God.

I know, I know. Easier said than done.

Just ask Zebedee. It’s quite an image we get from the Gospel, after all. “So they left their father Zebedee in the boat along with the hired men and followed him.”

There was Zebedee, about his business, mending nets with his two sons, who were undoubtedly his best workers — they had to have been more dedicated than the hired men, who worked for wages rather than for family. And in an instant off they go, following this strange man.

I don’t know about you, but if my kids left me on a hot summer day to finish the lawn by myself, I wouldn’t be too happy.

But Zebedee must have been someone quite special. Perhaps he realized that his sons didn’t belong to him — not really. They belonged to God, and from the beginning of time, it had been appointed that they would be among the first disciples of Christ. He passed, he called, they followed, and Zebedee obliged. He simply went back to mending his nets, I imagine.

Zebedee already understood what St. Teresa of Calcutta would say millennia later: “Give until it hurts.”

“You’re wasting my time.” “I’ve done so much for her; she owes me this.” How often do we think things, and even people and relationships, belong to us? The truth is none of them do. We must be ready, as Zebedee was, to surrender them to God when He comes walking past.

— Tracy Earl Welliver, MTS

©LPi

LA CORRESPONSABILIDAD DIARIA ~ RECONOCER A DIOS EN LOS MOMENTOS ORDINARIOS (Everyday Stewardship)

Dar Hasta que Duela

Una de las características de la corresponsabilidad diaria es estar comprometido: perseverar a diario en una forma de vida que reconoce que todo pertenece a Dios.

Lo sé, lo sé. Es más fácil decirlo que hacerlo.

Pregúntale a Zebedeo. Después de todo, es una gran imagen que obtenemos del Evangelio. “Dejaron a su padre Zebedeo en la barca junto con los jornaleros y lo siguieron”.

Estaba Zebedeo, haciendo su negocio, remendando redes con sus dos hijos, que sin duda eran sus mejores trabajadores; tenían que haber sido más dedicados que los jornaleros, que trabajaban por un salario más que por la familia. Y en un instante se van, siguiendo a este hombre extraño.

No sé ustedes, pero si mis hijos me dejaran en un caluroso día de verano para terminar el césped yo solo, no estaría muy feliz.

Pero Zebedeo debió haber sido alguien muy especial. Quizás se dio cuenta de que sus hijos no le pertenecían, en realidad no. Le pertenecían a Dios, y desde el principio de los tiempos, se había designado que estarían entre los primeros discípulos de Cristo. Él pasó, llamó, ellos lo siguieron y Zebedeo obedeció. Me imagino que el simplemente volvió a remendar sus redes.

Zebedeo ya entendía lo que diría santa Teresa de Calcuta milenios después: “Da hasta que duela.”

“Me estás haciendo perder el tiempo.” “He hecho mucho por ella; ella me debe esto. ” ¿Con qué frecuencia pensamos que las cosas, e incluso las personas y las relaciones, nos pertenecen? La verdad es que ninguno de ellos lo es. Debemos estar listos, como lo estuvo Zebedeo, para entregarlos a Dios cuando Él pase caminando.

– Tracy Earl Welliver, MTS

©LPi

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