Everyday Stewardship ~ Recognize God in Your Ordinary Moments

Touching the Cloak of Christ

Look to today’s Gospel and you’ll find one of the most arresting images in all of Scripture. Christ in a crowd, everyone clamoring for his attention, pressing against him. Several feet away, is a chronically ill woman, weak and desperate for help. She knows she doesn’t have a chance of getting his attention. She has no connections. She has no strength. All she can do is lift up her hand.

So that’s what she does. She reaches out.

There comes a time, or maybe several times, in each of our lives when we become this woman. We’re tired and we’re sick. Is it with sin? With fear? With anger? It doesn’t matter. Whatever it is, it’s made us weak, and we feel like we’ve run out of options. We’ve looked for help and come up empty. We’ve consulted friends and gotten nowhere. We’re lost in the crowd of life, unable to stick our heads above the pressing throng to wave for help.

And there is Christ, always passing by us. The hem of his cloak is never far from our grasp. We have no hope of a big miracle like the synagogue leader. We don’t even bother asking for that. But that cloak … we can touch that cloak. That’s something we can do.

Do we do it, though? Do we have the confidence of that sick, beaten-down woman who knew so totally that healing was there for the taking? Or do we retreat back into the crowd, stumbling back home with our pain and our sinfulness? Reach out, friends. However, whatever, whenever — reach out. Christ will not fail you.

— Tracy Earl Welliver, MTS

©LPi

LA CORRESPONSABILIDAD DIARIA ~ RECONOCER A DIOS EN LOS MOMENTOS ORDINARIOS (Everyday Stewardship)

Tocando el Manto de Cristo

Mira el Evangelio de hoy y encontrarás una de las imágenes más fascinantes de toda la Escritura. Cristo en una multitud, todos clamando por su atención, presionándose contra él. A varios pies de distancia, hay una mujer con una enfermedad crónica, débil y desesperada por ayuda. Ella sabe que no tiene ninguna posibilidad de llamar su atención. Ella no tiene conexiones. Ella no tiene fuerzas. Todo lo que puede hacer es levantar su mano.

Entonces eso es lo que ella hace. Ella se estira para alcanzar.

Llega un momento, o tal vez varias veces, en cada una de nuestras vidas cuando nos convertimos en esta mujer. Estamos cansados ​​y enfermos. ¿Es con el pecado? ¿Con miedo? ¿Con coraje? No importa. Sea lo que sea, nos ha debilitado y sentimos que nos hemos quedado sin opciones. Hemos buscado ayuda y nos quedamos vacíos. Hemos consultado a amigos y no llegamos a ninguna parte. Estamos perdidos en la multitud de la vida, incapaces de asomar la cabeza por encima de la multitud apremiante para pedir ayuda.

Y allí está Cristo, siempre pasando junto a nosotros. El borde de su manto nunca está lejos de nuestro alcance. No tenemos esperanzas de un gran milagro como el líder de la sinagoga. Ni siquiera nos molestamos en pedir eso. Pero ese manto…podemos tocar ese manto. Eso es algo que podemos hacer.

Pero ¿Lo hacemos? ¿Tenemos la confianza de esa mujer enferma y golpeada que sabía tan totalmente que la curación estaba ahí para tomarla? ¿O nos retiramos a la multitud, tropezando de regreso a casa con nuestro dolor y nuestro pecado? Alcáncenlo, amigos. Como sea, lo que sea, cuando sea, alcáncenlo. Cristo no te fallará..

Tracy Earl Welliver, MTS

©LPi