Everyday Stewardship ~ Recognize God in Your Ordinary Moments

The Prophecy of You and Me

Prophet. There’s a heaviness to this word. It’s weighted down with meaning. We think of prophets and we think of Charlton Heston with wild hair and a booming voice, reaching out his hand to work wonders of nature by the grace of God. We think of prophets and we think of ancient Biblical history — someone far away, someone so removed from our everyday life. A prophet is someone who knows something we don’t.

When I let you in on this secret, it might scare you at first: in a way, God is calling you to be a prophet. He is calling me. He is calling anyone who hears the truth of the Gospel. However, there is no need for the megaphone and the wild locusts. This prophet gig might not be what you’re thinking.

What does a prophet do? He hears and testifies to the truth, even when it’s uncomfortable, even when it’s unpopular, even when it results in, as Paul says, “weaknesses, insults, hardships, persecutions and constraints.” A prophet doesn’t have to be smart or rich or ordained; heck, he doesn’t even have to be particularly willing.

All a prophet has to do is listen to the truth. The truth we receive from Christ, through the Gospel and the sacraments, is a mighty gift. But it is a gift that we are not meant to simply keep for ourselves. In possessing it, we are compelled to also pass it on, to share it, to let the Spirit set us on our feet.

— Tracy Earl Welliver, MTS

©LPi

LA CORRESPONSABILIDAD DIARIA ~ RECONOCER A DIOS EN LOS MOMENTOS ORDINARIOS (Everyday Stewardship)

La profecía de tú y yo

Profeta. Hay una pesadez en esta palabra. Está cargada de significado. Pensamos en profetas y pensamos en Charlton Heston con cabello salvaje y una voz retumbante, extendiendo su mano para hacer maravillas de la naturaleza por la gracia de Dios. Pensamos en profetas y pensamos en la historia bíblica antigua: alguien lejano, alguien tan alejado de nuestra vida cotidiana. Un profeta es alguien que sabe algo que nosotros desconocemos.

Cuando te cuente este secreto, es posible que al principio te asuste: en cierto modo, Dios te está llamando a ser un profeta. El me esta llamando a mi. Está llamando a cualquiera que escuche la verdad del Evangelio. Sin embargo, no es necesario el megáfono y las langostas salvajes. Este trabajo de profeta puede que no sea lo que estás pensando.

¿Qué hace un profeta? Él escucha y testifica la verdad, incluso cuando es incómodo, incluso cuando es impopular, incluso cuando resulta en, como dice Pablo, “las debilidades, los insultos, las necesidades, las persecuciones y las dificultades.” Un profeta no tiene que ser inteligente, rico u ordenado; rayos, ni siquiera tiene que estar particularmente dispuesto.

Todo lo que un profeta tiene que hacer es escuchar la verdad. La verdad que recibimos de Cristo, a través del Evangelio y los sacramentos, es un don poderoso. Pero es un regalo que no debemos guardar simplemente para nosotros. Al poseerlo, nos vemos obligados a transmitirlo también, a compartirlo, a dejar que el Espíritu nos ponga de pie.

Tracy Earl Welliver, MTS

©LPi

Sign up to work the Fall Festival booth at the following link: https://allsaintsparish12.flocknote.com/signup/65742