Everyday Stewardship ~ Recognize God in Your Ordinary Moments

Practicing Graciousness in the Desert

Looking back over my journey of parenthood, I know there were days when I traveled the extra mile for my children. I made their toast the way they like it, let them play in the park an extra ten minutes, or let them go to the movies with their friends and I finished up the chores on my own. And then, it happened: the attitude. The request for the smallest thing from one of them is met with disdain or bewilderment.

Sometimes you can be made breathless with the ingratitude of another person who takes so much and with so little shame, only to scoff at the idea that they, too, give even the smallest amount.

But if we’re being honest with ourselves, we will admit that we do the exact same thing to God. Haven’t we all been the Israelites in the desert at one point or another? God has parted our Red Sea in some way. He’s led us out of some great trial, given us some great blessings. But then we run into a little resistance somewhere along the way and we throw up our hands. How could you do this to us, Lord? How could you ask this of us? No, I can’t go any further. No, I won’t do any more.

Persisting in the blindness to the many ways God continues to protect us is nothing short of a temper tantrum. It robs our Everyday Stewardship of its graciousness, of our ability to accept with joy the trials of life because we are also constantly aware of its blessings.

— Tracy Earl Welliver, MTS

©LPi

LA CORRESPONSABILIDAD DIARIA ~ RECONOCER A DIOS EN LOS MOMENTOS ORDINARIOS (Everyday Stewardship)

Practicando la bondad en el desierto

Mirando hacia atrás en mi viaje de paternidad, sé que hubo días en los que hice un esfuerzo adicional por mis hijos. Hice su pan tostado como a ellos les gusta, los dejé jugar en el parque diez minutos más o los dejé ir al cine con sus amigos y terminé los quehaceres por mi cuenta. Y luego sucedió: la actitud. La solicitud de la cosa más pequeña de uno de ellos es recibida con desdén o desconcierto.

A veces te puedes quedar sin aliento con la ingratitud de otra persona que toma tanto y con tan poca vergüenza, solo para mofarse de la idea de que ellos también dan la más mínima cantidad.

Pero si somos honestos con nosotros mismos, admitiremos que le hacemos exactamente lo mismo a Dios. ¿No hemos sido todos los israelitas en el desierto en un momento u otro? Dios ha dividido nuestro Mar Rojo de alguna manera. Nos ha sacado de una gran prueba, nos ha dado grandes bendiciones. Pero luego nos encontramos con una pequeña resistencia en algún lugar del camino y levantamos las manos. ¿Cómo pudiste hacernos esto, Señor? ¿Cómo pudiste preguntarnos esto? No, no puedo ir más lejos. No, no haré más.

Persistir en la ceguera sobre las muchas formas en que Dios continúa protegiéndonos es nada menos que una rabieta. Le roba a nuestra corresponsabilidad diaria su gracia, nuestra capacidad de aceptar con gozo las pruebas de la vida porque también estamos constantemente conscientes de sus bendiciones.

Tracy Earl Welliver, MTS

©LPi

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