Everyday Stewardship ~ Recognize God in Your Ordinary Moments

What’s Your Hearth Cake?

“Get up and eat, or the journey will be too much for you.” I’ve been to a lot of meetings in my years of work in the Church, and you can take my word for it: the ones with snacks just seem to go better.

I don’t know what it is exactly. Maybe it’s just that people are in a more agreeable mood if you show up with donuts. Or maybe it’s about the very real sense of community and camaraderie that is created at a table where people are engaging in that most human of tasks — eating — beside one another. I think a big part of it comes down to the simple fact that we’re all just nicer people when we’re fed.

This rings true spiritually, too. We simply must remain fed if we, in turn, are to feed others. Think of a time when you have neglected your relationship with God — when you haven’t fed yourself with whatever it is that you need to remain committed to the journey of a Christian life. Is it Mass attendance? Is it prayer or Scripture reading? Is it time with your small group, or conversation with a trusted friend who knows your soul? What sustains your ability to be a good disciple, a good steward? What inspires you to give more freely, to love more abundantly?

Whatever it is, that’s your hearth cake. That’s your jug of water. Don’t neglect it. The Angel of the Lord is nudging you in your sleep: “Get up and eat, or the journey will be too much for you.”

— Tracy Earl Welliver, MTS

©LPi

LA CORRESPONSABILIDAD DIARIA ~ RECONOCER A DIOS EN LOS MOMENTOS ORDINARIOS (Everyday Stewardship)

¿Cuál es tu pan cocido en las brasas?

“Levántate y come, porque aún te queda un largo camino.” He asistido a muchas reuniones en mis años de trabajo en la Iglesia, y puedes confiar en mi palabra: las que tienen bocadillos parecen ir mejor.

No sé qué es exactamente. Tal vez sea solo que la gente está de un humor más agradable si te presentas con donas. O tal vez se trata del sentido muy real de comunidad y camaradería que se crea en una mesa donde las personas se involucran en la más humana de las tareas, comer, una al lado de la otra. Creo que una gran parte se debe al simple hecho de que todos somos personas más agradables cuando nos alimentamos.

Esto también suena cierto espiritualmente. Simplemente debemos seguir alimentados si, a su vez, vamos a alimentar a otros. Piensa en un momento en el que hayas descuidado tu relación con Dios, cuando no te hayas alimentado con lo que sea que necesites para permanecer comprometido con el viaje de una vida cristiana. ¿Es asistencia a misa? ¿Es oración o lectura de las Escrituras? ¿Es tiempo con tu grupo pequeño o conversación con un amigo de confianza que conoce tu alma? ¿Qué sostiene tu capacidad para ser un buen discípulo, un buen corresponsable? ¿Qué te inspira a dar más libremente, a amar más abundantemente?

Sea lo que sea, ese es tu pan cocido en las brasas. Esa es tu jarra de agua. No lo descuides. El ángel del Señor te está dando un codazo en tu sueño: “Levántate y come, porque aún te queda un largo camino.”

Tracy Earl Welliver, MTS

©LPi

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