Everyday Stewardship

The ancient Greek dramatist, Euripides, wrote, “No one can confidently say that he will still be living tomorrow.” We seldom focus on that reality and often act like we are confident of a tomorrow. However, we all know names of those who died suddenly, maybe in tragedy or simply in the quiet of sleep. Calling those names to mind will probably still not force most of us to contemplate our own mortality tonight before placing our head on the pillow, but perhaps it should.

We don’t need to obsess about dying or fear the unknown, but realizing the gift of today and reflecting on the possibility that it may be our last day can cause us to act differently. We might forgive more easily, argue less, and embrace one another. Rather than procrastinate, we might act now. We could become more mindful of our surroundings, see the needs in people, and reach out to those who are lost.

I write these Everyday Stewardship reflections every Sunday. You might read them in your parish bulletin, on a website, or in social media every Sunday. Just in case this is the last Sunday you ever have a chance to read these reflections, what is God calling you to do now before it’s too late. If you are still here next Sunday after taking all this seriously, you might wonder at what it was to live more fully and to give of yourself more freely. Don’t let a single day pass you by without truly loving others and your God. One thing you can be confident about: This day will never come again.

—Tracy Earl Welliver, MTS

La corresponsabilidad diaria

El dramaturgo de la antigua Grecia, Eurípides, escribió: “Nadie puede decir con certeza que vivirá mañana.” Pocas veces nos enfocamos en esa realidad y muchas veces actuamos como si el mañana fuera una cosa cierta. Todos conocemos a alguien que ha muerto de repente; quizás en una tragedia o simplemente en la paz de su sueño. Aunque uno piense en esas personas, muchos no pensarán en su propia mortalidad antes de irse a dormir. Quizás uno sí lo deba considerar.

No tenemos que obsesionarnos con la posibilidad de morir o el miedo de lo desconocido, pero sí debemos darnos cuenta que hoy es un regalo y reflexionar en la posibilidad de que hoy podría ser nuestro último día puede causar que actuemos de diferente forma. Quizás perdonáramos de manera más fácil, discutiéramos menos y amáramos con más ardura.  En vez de dejarlo para el último momento, tal vez debemos actuar ahora. Se lo hacemos probablemente estaríamos más conscientes de nuestros alrededores, ver las necesidades de los demás y ayudar a los que están perdidos.

Yo escribo estas reflexiones de la Corresponsabilidad cada domingo. Quizás usted lo lee en el boletín de su parroquia, por internet y a través de la media social. En caso de que este sea el último domingo que usted tenga la oportunidad de leer estas reflexiones le pregunto: ¿a qué le llama Dios a hacer antes de que sea muy tarde? Si está aquí el próximo domingo después de haber considerado esto con seriedad, quizás se pregunte qué era esa llamada de Dios. No deje que ningún día pase sin verdaderamente amar a los demás ni a su Dios. Una cosa por seguro es: este día nunca lo tendrá otra vez.

—Tracy Earl Welliver, MTS