Everyday Stewardship

I am struck by how Jesus addresses the disciples in the 21st chapter of John. They have been fishing all night, and when the dawn comes, Jesus asks, “Children, have you caught anything to eat?” They hadn’t caught a thing, so he tells them what to do to finally fill their nets. These children thought they knew best, but they couldn’t get the job done until they listened to Jesus. Like a child who needs a parent, these early followers of Jesus were learning that real maturity of faith requires trusting in and listening to the Teacher.

The stewardship way of life demands of us a certain maturity of discipleship. Just as a child is not yet ready to be a parent, an immature disciple may not yet be ready to sacrifice regardless of the cost or understand the true value of his generosity. So every day, we are challenged and called to respond, sometimes even with little cost to ourselves. But each step, no matter how small, brings with it growth. We are growing not only in maturity, but in the ability to trust in God and how to listen for the call as well. 

How mature are you in your faith? How much trust do you have in Jesus Christ? How often do you pause to listen to the instructions of your Teacher? The night is now over, and the dawn is upon you. Reflect on the visible fruit of your stewardship, and then listen for the words of Jesus.

– Tracy Earl Welliver, MTS


LA CORRESPONSABILIDAD DIARIA

Me impresiona cómo Jesús se dirige a los discípulos en el capítulo 21 de Juan. Han estado pescando toda la noche, y cuando llega el amanecer, Jesús pregunta: “Muchachos, ¿han pescado algo?” No habían atrapado nada, por lo que Él les dice qué hacer para llenar sus redes. Estos muchachos pensaban que sabían más, pero no pudieron hacer el trabajo hasta que escucharon a Jesús. Como un niño que necesita un padre, estos primeros seguidores de Jesús estaban aprendiendo que la verdadera madurez de la fe requiere confiar y escuchar al Maestro.

El modo de vida de la corresponsabilidad nos exige una cierta madurez de discipulado. Al igual que un niño aún no está listo para ser padre, un discípulo inmaduro aún no puede estar listo para sacrificarse sin importar el costo o entender el verdadero valor de su generosidad. Entonces, todos los días, somos desafiados y llamados a responder, a veces incluso con poco costo para nosotros mismos. Pero cada paso, no importa cuán pequeño sea, trae consigo crecimiento. Estamos creciendo no solo en madurez, sino también en la capacidad de confiar en Dios y en cómo escuchar el llamado.

¿Qué tan maduro eres en tu fe? ¿Cuánta confianza tienes en Jesucristo? ¿Con qué frecuencia haces una pausa para escuchar las instrucciones de tu maestro? La noche ha terminado y el amanecer está sobre ti. Reflexiona sobre el fruto visible de tu corresponsabilidad y luego escucha las palabras de Jesús.

– Tracy Earl Welliver, MTS