Everyday Stewardship

June 30, 2019
13th Sunday in Ordinary Time

Some conversion stories people tell are so profound and meaningful that they make you want to invent a story for yourself. Some of us have these type of stories to tell, but most of us can only tell stories of slowly coming into a greater maturity of faith over many years and many mistakes. I personally was baptized as an infant, grew up in the Church, and never experienced a time when I was fully the prodigal son. I have sinned quite often throughout my years, but I never drifted so far away where I needed that moment of truth to help me see the light.

However, that does not diminish the fact that I have been made new in Christ and I need to live in a way that leaves the old me behind. If you are like me, you must admit there are times when that former self comes into view. There are times when we fall into our sin to the point where no one would believe we were baptized disciples of Jesus. Thank God there is forgiveness through the sacraments. When we fall, we can always recover and be made new again.

So maybe it is not true that people like me don’t have a profound conversion story. Maybe the truth is we simply have MANY conversion stories. As we continually strive to pick up our crosses and follow Him, we fall away and need to come back to Him. Each time, we have a new story. Each time, God’s love and healing are profound. Each time, we have something new to tell.

-Tracy Earl Welliver, MTS


LA CORRESPONSABILIDAD DIARIA

30 de junio de 2019
13º domingo del Tiempo Ordinario

Algunas historias de conversión que la gente cuenta son tan profundas y significativas que te dan ganas de inventar tu propia historia. Algunos de nosotros tenemos este tipo de historias que contar, pero la mayoría de nosotros solo podemos contar historias de cómo lentamente alcanzamos una mayor madurez de fe durante muchos años y muchos errores. Yo, en lo personal, fui bautizado cuando era un niño, crecí en la Iglesia y nunca experimenté un momento en el que fui completamente el hijo pródigo. He pecado a menudo a lo largo de mis años, pero nunca me alejé tan lejos para necesitar ese momento de verdad para ayudarme a ver la luz.

Sin embargo, eso no disminuye el hecho de que he sido hecho nuevo en Cristo y que necesito vivir de una manera que deje al viejo yo atrás. Si eres como yo, debes admitir que hay momentos en que ese antiguo yo está a la vista. Hay momentos en que caemos en nuestro pecado hasta el punto en que nadie creería que fuimos bautizados discípulos de Jesús. Gracias a Dios hay perdón a través de los sacramentos. Cuando caemos, siempre podemos recuperarnos y ser hechos nuevos.

Así que, tal vez no sea cierto que las personas como yo no tengan una historia de conversión profunda. Tal vez la verdad es que simplemente tenemos MUCHAS historias de conversión. A medida que nos esforzamos continuamente para levantar nuestras cruces y seguirlo, nos alejamos y necesitamos volver al Él. Cada vez, tenemos una nueva historia. Cada vez, el amor y la sanación de Dios son profundos. Cada vez, tenemos algo nuevo que contar.

-Tracy Earl Welliver, MTS