Gospel Meditation

September 2, 2018                 22nd Sunday in Ordinary Time

Judgment tends to have a bad reputation. We often associate it with condemnation, and in the Gospels, we associate it with the Pharisees. Today’s Gospel features the Pharisees doing exactly what we expect. “They observed that some of his disciples ate their meals with unclean, that is, unwashed, hands.” The Jewish people had strict purification laws that applied to all areas of life. The Pharisees attempt to accuse Jesus of not following the ancestral traditions. Jesus doesn’t take offense at their judgments per se. He instead points out the hypocrisy of their words. “You hypocrites … this people honors me with their lips, but their hearts are far from me.”

From there, Jesus turns his attention to the concerns of the heart. “The things that come from within are what defile.” He lists off a number of sins, including some the Pharisees were likely struggling with, including evil thoughts, envy, and arrogance. When we examine the list, perhaps we’re reminded of our own trips to the confessional! As we strive to follow Jesus and live with integrity, we must be aware of our hearts. We must judge our own actions. Are they leading us closer to God or away from Him? Are we growing in love of our neighbor, or are we becoming more closed in on ourselves?

As we move into this week, consider the state of our own heart. Perhaps you are overly scrupulous in less important areas. Perhaps there are large areas of overlooked sin that you’ve excused for too long. Whatever it is, the judgment of God need not cripple us. He offers us a share in His mercy as soon as we turn to Him. This week, allow your heart to be transformed!

 

MEDITACIÓN EVANGÉLICO

2 de septiembre de 2018       22o Domingo del Tiempo Ordinario

La conversión no es fácil, es un proceso de toda la vida y se requiere cierta atención de parte del individuo. Se puede observar interiormente cada acción que se lleve a cabo, y se llega a la conclusión de que sin una relación personal con Dios y con los demás y con una pureza de intención poco se realiza en la vida con relación a este punto. Solamente cuando las acciones salen desde el corazón y se vuelven hacia Dios son puras, son buenas. Es entonces cuando existe la, “Pureza del corazón.” La “Pureza de intención,” Jesús lo explica de la siguiente forma: “Escúchenme todos y traten de entender. Ninguna cosa que de fuera entra en la persona puede hacerla impura; lo que hace impura a una persona es lo que sale de ella. El que tenga oídos que escuche”. (Marcos 7:14-16).

Primero el corazón y luego todo lo demás, lo que cuenta es cuánto amor ponemos a las cosas que hacemos, la conciencia que nos mueve interiormente para llevar a cabo las decisiones, la intención que nos guía a todo lo que hacemos y hace que la voluntad se ponga en marcha. Jesús, llamó y sigue llamando, a examinar nuestros comportamientos en la vida de todos los días. Si nuestro corazón se enfoca en Dios, todo es más fácil de entender. Un buen discernimiento, viene de saber escuchar a otras personas. Ver, pensar y actuar, ponerse en los zapatos del otro, para no juzgar a la ligera. Las leyes nos ayudan, pero lo esencial es, dónde está el corazón. Sin olvidar que Dios ve lo profundo del mismo. ¿Dónde está tú corazón ahora? ¿Dónde cabe la pureza de tus intenciones?

© Liturgical Publications