Gospel Meditation

28th Sunday in Ordinary Time

Christian author C.S. Lewis once wrote that Christianity is not so much about being nice people but in being “new men.” We see this contrast in today’s Gospel. “Good teacher, what must I do to inherit eternal life?” Jesus first answers in the predictable way. Follow the commandments! “Teacher, all of these I have observed from my youth.” Perhaps for some of us it’s easy to answer this way. “I’m a good person!” he seems to reply. Does he truly follow all the commandments he professes to follow? Does he — in word and deed — check off all the boxes of the moral law? Perhaps. Whether he’s being honest or fudging the truth, Jesus accepts his answer at face value with compassion. “Jesus, looking at him, loved him.”

But he’s not done yet! Jesus wants to remind us that this attitude alone is not enough. “Go, sell what you have … then come, follow me.” Jesus’ invitation to the young man is radical. Abandon everything that gives you any sense of security. Give it all up for an unknown future with a wandering preacher.

The Christian life is not easy. “How hard it is to enter the kingdom of God!” It’s easier, Jesus says, for a gigantic camel to squeeze itself through a tiny needle’s eye. But the God of the universe creates out of nothing, breaks the bars of hell, and raises the dead to life. Is a needle’s eye really such an obstacle? Jesus’ invitation is always bigger than our own limitations. This week, what do we need to offer up? How is Jesus inviting us to follow him?

MEDITACIÓN EVANGÉLICO

28o Domingo del Tiempo Ordinario

El hombre rico decididamente se acercó a Jesús y le hizo la pregunta: “Maestro Bueno, ¿Qué tengo que hacer para conseguir la vida eterna? Jesús, como buen Maestro le responde: “Vete, vende todo lo que tienes y reparte el dinero entre los pobres, y tendrás un tesoro en el Cielo”. Siguiendo la respuesta, Jesús lo invita: “Después, ven y sígueme” (Marcos 10:21-22).

Parece que en el tiempo de Jesús era imposible dejarlo todo. Pero, en nuestro tiempo, es lo mismo no es realista. Tomar la decisión de dejar todo lo que uno tiene es difícil y doloroso. Entonces, ¿qué se puede hacer? La verdad es que si hacemos esta pregunta, debemos de prepararnos para la respuesta que nos dará Jesús. Su respuesta será la misma que le dio al hombre rico. Imagina la mirada cariñosa del Señor diciendo: “Sólo te falta una cosa.”  Pregúntese: ¿Qué cosas debo dejar ahora para encontrar la vida eterna? Quizás debe dejar de hacer prejuicios, o a lo mejor somos de esos ricos egoístas sin dinero.  Ante toda respuesta, el secreto estriba en la Palabra de Dios que nos ilumina. La sabiduría de Dios es la que nos ayuda a vivir sabiamente. La Palabra dirige al corazón para ver las necesidades de los demás. Y ante todo lo demás, confiar en Dios. Ojalá que la mirada cariñosa de Jesús no quede flotando en el aire, sino que tenga respuesta. Una de tantas es dejarse tocar por Dios, para dar cabida al discipulado y seguir a Dios sin condiciones. ¡Danos, Señor, el valor de compartir lo que tenemos, ya sea cosas materiales o amor por los que nos rodean!

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